Fotografiando en Marrakech
Llegar a Marrakech es meterse de cabeza en un mundo radicalmente diferente. Aquí las relaciones sociales funcionan de forma distinta, la cultura y tradición están marcadas por una gran influencia de la religión y el contraste entre la modernidad y opulencia de los barrios modernos y la Medina es enorme. Lo ultimo creo que es igualmente aplicable a otras ciudades marroquíes pero preferiría no generalizar.
En las guías turísticas se habla mucho de los Zocos mas populares, pero no se menciona que hay callejuelas enteras donde es difícil encontrar occidentales. Comerciantes venden todo tipo de productos comestibles o no, quizás de la misma manera que l hacían sus padres o abuelos. Toda esa riqueza pide a gritos documentarla gráficamente, acribillar a preguntas a los comerciantes con el único propósito de conocer e intentar entender antes de apuntarles de forma superficial con la cámara y esperar que permitan ser retratados.
Los árabes en general son muy celosos de su privacidad, de modo que salvo que las circunstancias sean propicias (guerras, conflictos u manifestaciones), muchos se violentan al encontrarte apuntándoles con cámara, sea profesional o incluso una desechable. La principal razón es religiosa, pero hay algunos que piden una ‘propina’ a cambio de desistir en sus protestas.
A diferencia de fotografía de viajes, en fotoperiodismo no es aceptable éticamente remunerar a los retratados ya que se altera así la realidad – algo inadmisible. Tengo unas cuantas lecciones aprendidas, pero el balance actual es frustrante sin hablar de mi D700 en cuidados intensivos (saco de arroz) por ahogarse en el chaparrón de ayer.
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Derechos Laborales y Memoria de los Asesinados
El fin de semana pasado fue marcado por la memoria, dolor y desasosiego. Memoria de aquellos desafortunados de ser víctimas inocentes de ambiciones que incluso ocho años después son incomprensibles. Como dicen algunos, eran “trabajadores”, pero también eran estudiantes, desempleados, y sobre todo hijos, padres, madres y parientes de otros que cada año desde el fatídico 11 de Marzo del 2004 acuden a lugares donde sus familiares perdieron la vida.
Las estaciones de cercanías de El Pozo, Santa Eugenia, Alcalá y Atocha se convierten en emplazamientos de peregrinaje iluminados por las velas, conmemorados por las flores y mensajes personales que se dejan en altares improvisados. Este año por las circunstancias de la vida el 11M coincidía con la convocatoria realizada por los sindicatos UGT y CCOO para manifestarse en contra de la reforma laboral. Esa decisión, polémica como mínimo, ha levantado ampollas entre algunos colectivos y asociaciones de afectados, es más, el Ayuntamiento y la Comunidad también decidieron mover los actos oficiales a lunes, justificando que el domingo, al ser festivo, pocos acudirían.
Los sindicatos CCOO y UGT negaron que su convocatoria fuera “oportunista”, alegando que se manifiestan “desde el mayor respeto” a las víctimas, pero por si a caso, lo consultaron con la Asociación 11-M Afectados por el Terrorismo, cuya presidenta Pilar Manjón no veía “incompatibilidad alguna en homenajear a las víctimas y celebrar más tarde la manifestación”.
Fui como todos los años a cubrir los actos, armado con paciencia, un cuerpo y un par de fijos. Desde el sur me patee varias veces los emplazamientos hasta familiarizarme mejor con el entorno, y planificar el trabajo. A las 10 empezaba el acto conmemorativo en la Estación de Atocha, convocado por CCOO, UGT y la Unión de Actores. En él Pilar Manjón ha criticado al fiscal general del Estado, Eduardo Torres-Dulce, por reabrir la investigación del 11M, y ha señalado que “conseguirán que algún día se deje de creer en la justicia democrática”. También pidió que “acabe la manipulación repugnante de los conspiranoicos fanáticos”, y ha recordado al fiscal general que “los crímenes ya están juzgados” y los criminales, condenados.
Durante el acto me sorprendió ver a un grupo de personas que salían del parking de Atocha, portando flores y pancartas, reprochando a voz alzada a los congregados, y manifestando su descontento, mientras se dirigían a Calle Téllez, donde hace 8 años a las 07:39 cuatro bombas explotaban en el tren 17305, 500 metros antes de entrar en la estación de Atocha.
Decidí seguirles y preguntar las razones de su descontento. En la Calle Téllez, mientras fotografiaba, me contaban que
no están de acuerdo con el “oportunismo” de los sindicatos y tampoco creían que lo que sucedió fuera un acto de terrorismo yihadista, sino un golpe de estado en la sombra.
Aunque tengo mi propia opinión fundamentada principalmente en la firme convicción que vivimos en el estado de derecho, a continuación dejo algunos enlaces a las páginas web a las que me refirió la portavoz del grupo:
- Los hechos de 11 M por El Mundo – http://www.elmundo.es/documentos/2004/03/espana/atentados11m/hechos.html
- Enigmas del 11 M – http://blogs.libertaddigital.com/enigmas-del-11-m/
- Plataforma Ciudadana Peones Negros - http://www.peonesnegros.es/
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Fotoperiodismo ciudadano, ¿una oportunidad o una desgracia?
Aunque parezca extraño fueron los pilotos de aviones y tripulantes de cabina que contribuyeron a que las noticias gráficas empezaran a volar. Los testigos invisibles de las batallas desconocidas les entregaban a estos mensajeros cajitas de plástico con película.
Kilómetros de rollo en la historia viajaron miles y miles de kilómetros para sufrir un proceso que milagrosamente, mediante la actuación de halógenos de plata, se convertían en testimonios visuales capaces de mover conciencias, destronar a dictadores, capaces de emocionar e inspirar con la objetividad periodística de un momento de realidad suspendido en el tiempo.
Ya en 1748 Montesquieu en su trabajo “Espíritu de las leyes” hablaba de la separación de poderes, algo que a día de hoy forma parte inseparable del núcleo de los estados más desarrollados. Esa separación, pensada para garantizar que ninguno pueda abusar del poder otorgado por el pueblo mediante representación, se dividía en el legislativo (parlamento), ejecutivo (gobierno) y judicial (jueces y tribunales). Sin embargo no se puede garantizar la verdadera democracia sin el cuarto – la Prensa. Algo que a veces se olvida con facilidad, o se recuerda bien por los corruptos y es allí donde la prensa -lleve cámara o micrófono- se convierte en un objetivo.
Fueron las manifestaciones en Iran, la Primavera Árabe que propiciaron el surgimiento del negocio de las agencias de periodismo ciudadano, tan aclamadas y a la vez odiadas por muchos, aun por distintas razones. Los manifestantes fotografiaban abusos con cámaras de los móviles y lo difundían, algo que no podía hacer la prensa por estarles prohibida la entrada.
Con todas las consecuencias de la recién ganada inmediatez, las noticias volaban como flechas en llamas, avivadas no por la rigurosa certeza de lo que se grababa, sino por el volumen de información que saturaba a los editores gráficos de los periódicos y revistas, que habituados a la profesionalidad, ética y veracidad asumieron que todo lo que les llegaba era objetivamente real y verificado, publicándolo.
Ese nuevo movimiento, oportunidad de negocio para unos, posibilidad de hacerse oír para otros, además de una vía para emergentes fotoperiodistas, cruzó fronteras y contagió a las agencias fotográficas renombradas que temerosas se apuntaron a la moda, más que nada para no quedarse atrás, seguir compitiendo (y ahorrar en salarios, además de en la costosa profesionalidad). Ahora cualquiera con una cámara compacta, presente en lugar de la noticia puede subir su fotografía y competir, muchas veces de forma desleal.
¿Es viable ese modelo de negocio, sin que prevalezca el interés comercial sobre, la veracidad periodística?
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Dignidad de una profesión

La frase de Frank Zappa, “El Jazz no está muerto, sólo huele raro” es perfectamente aplicable al estado de fotoperiodismo actual. Perdemos derechos en nombre de la seguridad, a pesar del creciente desvalor de la labor de un informador gráfico, trabajamos a destajo, pero no nos da para vivir.
Me surgen muchas preguntas sobre ¿quién tiene la culpa de todo lo que está pasando?, ¿cómo llegamos a donde estamos? u otras, pero no sé quién podría responderlas, lo que sí sé que algunos de la profesión nos lo hemos buscado. Principalmente por nuestro comportamiento desleal en lo ético y en negocios.
Regalar fotos – Regalar fotos literalmente o por un precio irrisorio es menospreciar trabajo propio y de los compañeros. En Barcelona el sindicato de la imagen tiene una tabla de precio que se intenta respetar. Photoshelter u otras plataformas mantienen un sistema de estimación de precios según tirada, tamaño, ubicación geográfica y posicionamiento. Cuando por curiosidad miro lo que de verdad debería costar al periódico, me río ya que donde una foto de 1/4 de página interior en un medio de tirada 25.000 ejemplares debe costar 120 euro, se vende por 20 o por 30. Y tragamos.
Intercambio de Cromos – A todos puede pasar que en el momento más importante no nos enfoque la cámara o por alguna razón no tengamos foto. Son riesgos del oficio. Bajo ciertas premisas aceptaría darle a un compañero una foto que no quiera o no sirva a mi medio. No obstante estoy en contra de intercambio de fotos cuando se hace para simular “omnipresencia”. Los medios creen que tenemos un don de ubicuidad: estar en Getafe, haciendo un partido y a la vez en Feraz – una conferencia de prensa.
Competencia desleal – Ciertas agencias consideran aceptable vender imágenes por 10 euros, bajando los precios de forma que los autores independientes no podamos competir. Quién va a comprar fotos de un Freelance si la suya cuesta 250 euro cuando por el mismo precio al mes tiene una suscripción de todas las fotografías de noticias que entren en línea. Para que le sea rentable a la agencia debe aumentar el volumen de suscripciones y pagar menos a sus colaboradores (ya no digo staff, de eso ya casi no hay).
Vídeos – Los fotoperiodistas son fotoperiodistas, no son cámaras de video, ni técnicos de sonido, ni tampoco plumillas. Cada uno es libre de hacer lo que le de la gana, claro, pero si un fotero presionado por el medio hace video y escribe articulo, no solo perjudica a si mismo, a los cámaras y plumillas profesionales, sino también contribuye a desvirtuar la percepción y expectativas del todo el colectivo. No es la misma formación que reciben los redactores, videografos y fotógrafos, entonces como es posible que hagan las tres cosas manteniendo un buen nivel de calidad.
Comportamiento digno – Hace poco estuve trabajando en Cibeles y cuando se apagaba la luz y los espectadores se quedaban en silencio, a la espera del inicio del desfile, se podía oír gritos, comentarios soeces y chistes fuera de tono que en el silencio de la espera, resonaban notablemente. No me importa si estamos entre compañeros hacer el tonto, pero no queda bien en eventos de este tipo. ¿No deberíamos los fotoperiodistas intentar pasar desapercibidos?
¿Y a tí como gráfico qué te molesta?
Pero desde que el Congreso empezó con las amenazas contra fotógrafos, el colectivo se ha unido bastante. Hay reuniones periódicas y comisiones para trabajar los puntos más conflictivos. Si eres un compañero fotógrafo estás invitado a unirte. Cuantos más seamos mejor nos organizaremos.
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